Centro de desintoxicación en Valencia

En España, todo se celebra con alcohol: un ascenso, una boda, el nacimiento de un niño o la victoria de mi equipo de fútbol o una noche alrededor de un botellón. La mayoría de las personas consideran absolutamente normal ingerir alcohol a diario. De hecho, gran parte de los adolescentes prueban por primera vez el alcohol dentro del seno familiar, aunque el consumo más peligroso es el que se da con los amigos, ya que es probable que su grupo de amigos beba mucho alcohol. En este post vamos a hablar del botellón y los problemas que este trae a los adolescentes que lo practican.

 

El botellón y los adolescentes

Esta consideración del alcohol en nuestra sociedad es la causante del fácil acceso que tienen los más jóvenes a esta droga. No obstante, esta percepción imperante en la población sobre los riesgos del alcohol no se corresponde con la realidad. El alcohol, sobre todo si se consume en el botellón tiene consecuencias muy perjudiciales para el cerebro de los más jóvenes.

El botellón es una manera de consumir alcohol que triunfa entre los más jóvenes. Se refiere a un patrón de consumo en el que se ingieren grandes cantidades de alcohol (unos 60 gramos) en un corto periodo de tiempo (dos horas).

Muchos estudios ponen de manifiesto que este tipo de consumo intermitente de grandes cantidades de alcohol es más perjudicial que el consumo regular.

 

Daños y consecuencias del botellón

El consumo de alcohol en el botellón conlleva una serie de daños y consecuencias directos e indirectos (los cuales se incluyen dentro de las consecuencias del alcoholismo) que pasamos a numerar:

 

1.- Daños colaterales 

Como enfrentamientos con las autoridades, peleas con otros adolescentes, accidentes de tráfico, prácticas sexuales de riesgo, conflictos con los vecinos…

 

2.- Daños directos sobre distintos órganos y sistemas como el hígado, el cerebro, los pulmones o el sistema digestivo.

Por ejemplo, el efecto de una borrachera tarda unas tres semanas en desaparecer del hígado. Si la borrachera se produce cada fin de semana los daños se multiplican enormemente.

 

3.- Riesgo de intoxicación y coma etílico que pueden llegar incluso a la muerte.

 

4.- Fracaso escolar

 

Dependencia alcohólica o trastorno mental

A largo plazo, numerosos estudios han demostrado que las borracheras frecuentes del botellón perjudican el crecimiento (alteran la producción de las hormonas implicadas en este proceso), favorecen la obesidad (el alcohol aporta muchas calorías, pero pocos nutrientes) y dañan las funciones cerebrales hasta el punto de generar problemas en el aprendizaje, la memoria y las habilidades cognitivas que requieren cierta rapidez de razonamiento y reflejos.

 

 

Binge drinking, el alma del botellón

Son las 11 de la noche en una conocida plaza de Valencia. Grupos de jóvenes se reúnen en torno a bolsas de supermercado cargadas con bebidas alcohólicas, hielos y refrescos para mezclar.

Ha empezado el botellón. Los vasos de calimocho, ron o vodka tardan pocos minutos en vaciarse y volverse a llenar. El alcohol de las botellas baja a una velocidad pasmosa.

Al fenómeno del botellón, se le suma una nueva tendencia a la hora de beber alcohol, el binge drinking. Podríamos traducir binge drinking como atracón alcohólico.

Consiste en la ingesta masiva de bebidas alcohólicas en un período breve de tiempo con la finalidad de emborracharse en el menor tiempo posible. Para que sea considerado binge drinking, los chicos han de beber más de cinco bebidas alcohólicas (cuatro en el caso de las mujeres) en un espacio breve de tiempo (menos de tres horas).

El binge drinking se ha convertido en la nueva forma de emborracharse que tienen los jóvenes y es visto entre ellos como una práctica normal. No obstante, los riesgos derivados de este consumo masivo de bebidas alcohólicas en un breve periodo de tiempo son elevados.

Así, el binge drinking favorece la desinhibición propia que produce el alcohol, lo que instiga al joven a realizar actividades de riesgo durante la noche (accidentes de tráfico, actos violentos, prácticas sexuales sin protección…). Además, si las cantidades de alcohol se disparan se puede producir intoxicación etílica, pancreatitis aguda o coma y muerte en los casos más extremos.

A largo plazo, estos consumos pueden generar problemas de atención, de procesamiento y recuerdo de la información y una merma en la capacidad mental para realizar las tareas de la vida diaria. Y esto solo es una parte de los efectos asociados al binge drinking. Es muy posible que en un futuro se descubran nuevos riesgos asociados a esta práctica.

 

Conclusiones

El objetivo debe ser retrasar lo máximo posible la edad en la que los jóvenes comienzan a beber, evitando la reincidencia, la escalada del consumo (iniciación, esporádico, habitual, abuso, dependencia) y el policonsumo (consumo simultáneo o complementario de tóxicos diferentes).

No obstante, para lograrlo, se debe comenzar la tarea desde la infancia, haciendo especial desarrollo de acciones de refuerzo y control durante la etapa de la adolescencia.

Es necesario concienciar a los más jóvenes de que el alcohol es otra droga más y acabar con el hecho de que muchos padres se tomen medio a broma las borracheras de sus hijos.

Es fundamental trabajar la prevención sobre drogas con los adolescentes, para que las cosas de jóvenes no acaben convirtiéndose en problemas serio.

Por esto, Síndrome Adicciones cuenta con un programa de prevención para aquellos adolescentes y jóvenes que han realizado sus primeros consumos para prevenir el desarrollo de algún tipo de enfermedad adictiva.

 

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Mi hijo hace botellón

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