LA PREVENCIÓN DE RECAÍDAS EN DROGODEPENDENCIAS

Cuando hablamos de recaída nos referimos en primer lugar a una persona que haya pasado por un proceso de rehabilitación comprometido con el logro de la abstinencia en el consumo de sustancias psicoactivas. En segundo término la diferenciamos de un desliz o consumo aislado de una sustancia. Entendemos la recaída como una vuelta a patrones de consumo compulsivo, similares a la etapa anterior al tratamiento, con el consiguiente deterioro social, físico y psíquico.

Para entender el fenómeno de las recaídas es necesario considerar la complejidad del problema mismo de las adicciones, un proceso con múltiples factores que comprenden a un individuo, en una familia determinada y que se relaciona en un ambiente sociocultural, a su vez inmerso una sociedad.

El encuentro que determinada persona tuvo con las sustancias, implica también pensar en que dichas sustancias tienen un efecto predominante a nivel del sistema nervioso central. Por eso nos parece propicio retomar la noción de “refuerzo” que imprimen las drogas que inducen dependencia, base para la auto-administración de las mismas y por lo tanto para la tendencia a la recaída.

El refuerzo positivo primordial constituye una memoria afectiva dominante impresa en el cerebro, que se halla en relación directa con el potencial adictivo de la sustancia que actúa a modo de refuerzo conductual y explica el deseo irresistible por la sustancia, y el hecho de facilitar su uso y adquisición. A ello se sumaría un refuerzo secundario dado por el contexto social y cultural del medio donde se consume.

El “Craving” o deseo irrefrenable de consumo o ansia por la droga, mina la capacidad de decisión, tiende a ser automático y llega a ser autónomo. Es decir que aunque se intente reprimir, aparece como una compulsión.

Distintos autores han observado que entre la aparición del deseo por la sustancia y el consumo mismo, hay un espacio de tiempo crítico para actuar. Por otro lado es importante pensar que antes de que ese deseo aparezca algo ocurrió con la persona, su familia, o el contexto que lo rodea.

Las recaídas se producen ante situaciones emocionales perturbadoras según Beck (1999) quien señala la presencia de factores internos, como depresión, soledad, aburrimiento, ira, frustración, así como estímulos externos, como el stress laboral, personas, lugares, cosas.

Así mismo, el estado físico de una persona, su situación emocional, los conflictos interpersonales, la presión social, la exposición a señales asociadas con la droga, la pérdida de trabajo, el stress en el trabajo y las discusiones familiares, junto con las crisis internas serían elementos que predisponen a una recaída.
Las crisis personales se asocian generalmente con el estrés emocional, en tanto suponen un cambio no planificado y repentino, no deseado, en la vida de una persona. Si bien una crisis predispone a una recaída, puede ser también una oportunidad de aprender.

También podemos hablar de crisis personales para referirnos a los momentos que atraviesa el propio paciente en un centro de rehabilitación para drogodependientes, cómo sus terapeutas y familiares, cuando el paciente se distancia en las fase de reinserción social, también llamada alta, según sea el modelo terapéutico asociado a su tratamiento, pues es en ese momento donde comienzan los riegos asociados a su enfermedad.

En resumen, la mejor actitud para prevenir las recaídas en drogodependencias, es continuar con exactitud las pautas indicadas en el tratamiento y seguir en contacto permanente con el centro de recuperación al que regularmente se acude, pidiendo apoyo y consejo permanente para evitar que una determinada situación nos conduzca a una situación no deseada ni por el paciente, ni por sus familiares.